Los nuevos avances y descubrimientos tecnológicos y científicos estarán supeditados a las necesidades que requieran las transformaciones en las sociedades humanas. El movimiento es característico de casi todas las comunidades actuales; pues la información y los hechos suceden dentro de un « torbellino» de constante actualización. Además los nuevos medios de comunicación al ser inmediatos generan un exceso de información; sobresaturación que orilla a los individuos a atender sólo a lo que les incumbe o les afecta.

Es por tal motivo que las rápidas transiciones de la sociedad actual han obligado a muchos procedimientos a modificarse a fin de ser más eficaces y eficientes, y el ámbito del lenguaje verbalizado no es la excepción; por ello para su comunicación existen dos tipos de soportes: el analógico y el digital.

Para los grandes filósofos griegos, el hecho de nombrar a cada ente representaba limitar el universo del ser humano a un sistema más organizado y complejo, por lo tanto, el lenguaje verbal es un elemento asociado al proceso de hominización, el cual, por más adelantada que sea la evolución humana no podrá desaparecer; sólo cambiarán las maneras como se presente.

Es decir, las diversas formas de comunicación han evolucionado junto con las necesidades del ser humano; por ejemplo, con la escritura comienza una era en la que se puede dar testimonio de los acontecimientos, y gracias a ella se conforman nuevos géneros comunicativos como la correspondencia o el inventario de hechos. Para el siglo XX las tecnologías del habla reducen los tiempos y rebasan las fronteras: el telégrafo, el teléfono, y posteriormente la radio, la televisión y la prensa. Pero es hasta el siglo XXI que surge otra expansión de la capacidad comunicativa humana a través del soporte digital del lenguaje.

Pero, ¿A qué se debe que en la actualidad el soporte analógico comience a ser sustituido por el digital en el proceso de elaboración de textos? Quizá no se debe hablar tajantemente de una sustitución en sí; sino más bien de la necesidad de utilizar ambos soportes para crear escritos que atiendan tanto a la necesidad de comunicar, como a la de ser inmediatos y dinámicos.

Si bien los soportes analógicos facilitan la labor del escritor, pues gracias a diversos programas de ingeniería lingüística, éste podrá realizar mejores y más elaborados escritos con menos esfuerzo; pero no debe olvidarse que dichas facilidades serán adoptadas por el autor de acuerdo a sus necesidades, porque tal vez sea más cómodo para él elaborar un manuscrito con su puño y letra, o apuntar sus ideas en algún cuaderno, y no necesariamente en un procesador de texto, por ejemplo.

Pero es menester también resaltar que gracias a los soportes digitales se pueden crear lo que Daniel Casany llama comunidades discursivas, las cuales permiten que personas de todo el mundo que se identifiquen con tal o cual característica hagan contacto de manera privada—sin la posible intromisión del control político, por ejemplo—, y de forma dinámica gracias a Internet. Claro que también el soporte digital está limitado, como en el ámbito analógico, al idioma o quizá a las creencias religiosas.

Los textos, en muchas ocasiones, son tachados de aburridos o lineales; por lo que algunos justifican así su desinterés por cualquier tipo de lectura; sin embargo, los hipertextos logran que los documentos sean dinámicos; pues se puede navegar a través de ellos: se viaja de una palabra a una imagen, o de un dato a un personaje histórico, por ejemplo.

En conclusión, la tecnología no está peleada con el entorno analógico gracias al cual se elaboraron los primeros textos; sin embargo, resulta conveniente que quien realiza un texto se acerque a los soportes digitales, pues podrán facilitar su tarea, aunque sin olvidarse de que siempre los soportes analógicos serán un sustento confiable. A pesar de que el ámbito digital aún no es accesible a la mayor parte de la población, ha demostrado sus diversos beneficios para la sociedad de la información.

Bibliografía: Cassany, Daniel. De lo analógico a lo digital. El futuro de la enseñanza de la composición. En Revista Lectura y Vida. Barcelona, Año XXI, Junio 2000. pp. 2-11



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